Yon Irigoyen: el reto de preparar 2.000 comidas al día en el LFB 👨🍳
Cada día, las cocinas del LFB preparan cerca de 2.000 comidas y utilizan hasta una tonelada de alimentos. Yon Yrigoyen, responsable de cocina, nos descubre cómo se organiza este gran desafío diario y su apuesta por una alimentación saludable, sabrosa y sostenible.
Una tonelada de alimentos cada día 🍽️
La jornada de Yon comienza a las 6 de la mañana, cuando el equipo empieza a hornear el pan y la bollería y a preparar las cafeterías. Después llega uno de los momentos clave del día: la recepción de las materias primas.
Las cifras impresionan: cada jornada se utilizan entre 800 y 1.000 kilos de alimentos, entre ellos unos 200 kilos para los primeros platos, entre 300 y 350 kilos para los segundos y hasta 200 kilos de fruta. A esto se suman los yogures, los quesos y entre 200 y 250 barras de pan.
Para conseguirlo, Yon trabaja con un equipo de seis cocineros y una persona encargada de la limpieza de utensilios. A ellos se suma todo el personal que participa en el servicio, la atención de las cafeterías y la supervisión del alumnado. En total, alrededor de un centenar de profesionales contribuyen al funcionamiento diario del comedor.
Una cocina más saludable y sostenible 🌱
Más allá de las cantidades, Yon tiene un objetivo muy claro: que el alumnado coma bien y disfrute de la comida.
Su trabajo se centra en seguir mejorando los menús, adaptándolos a las nuevas exigencias nutricionales, con mayor presencia de proteínas vegetales y menos frituras.
También apuesta por los productos ecológicos y de proximidad, la colaboración con productores locales, la reducción del uso de plásticos y la lucha contra el desperdicio alimentario.
Para Yon, todos estos objetivos están relacionados: cuando los platos gustan y el alumnado come bien, se desperdician menos alimentos y todo el servicio funciona mejor.
Más sabor en cada plato
Uno de sus principales retos es conseguir que los menús escolares sean tan apetecibles como los de un restaurante.
Para ello, trabaja constantemente en la evolución de las recetas, incorporando especias como el curry, mezclas cajún, sofritos y fondos de cocina que aportan más sabor a los platos.
También defiende la importancia de respetar los tiempos de cocción y de cuidar cada preparación, incluso cuando se cocina para miles de personas.
«El gran reto de la cocina siempre es que no falte comida», explica Yon. Pero su verdadera satisfacción va mucho más allá de servir 2.000 platos: conseguir que cada día el alumnado disfrute de una alimentación equilibrada, variada y sabrosa.
Porque detrás de cada menú del LFB hay mucho más que una receta: hay organización, trabajo en equipo y un compromiso diario con el bienestar de toda la comunidad escolar.